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El discurso del pensador estuvo orientado a reflexionar sobre las consecuencias del cambio climático

La Universidad CAECE otorgó el título de doctor honoris causa al licenciado Santiago Kovadloff. El reconocido pensador, escritor y académico recibió el diploma y placa correspondientes en un acto oficial que se llevó a cabo el 2 de diciembre en las instalaciones de la Universidad, ubicadas en Av. de Mayo 866, CABA. Luego, Kovadloff disertó sobre “Lo que el planeta le exige al hombre. La cultura contemporánea ante el dilema del calentamiento global”, haciendo referencia a la 25 Conferencia de las Partes del Convenio Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP), que se celebra del 2 al 13 de diciembre en Madrid.

Kovadloff es filósofo de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Ensayista, poeta, autor de relatos para niños, traductor de literatura de lengua portuguesa y conferencista. Profesor honorario de la Universidad Autónoma de Madrid. Por su labor distintiva ha recibido diversos premios. Dicta cursos y conferencias en universidades de Iberoamérica y EE.UU. Miembro de la Academia Argentina de Letras y miembro correspondiente de la Real Academia Española.

Durante la ceremonia el rector Alberto Allemand junto con la vicerrectora Angélica Cachanosky hicieron entrega del diploma de honor y la placa fue entregada por el vicepresidente II de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios, Guillermo Dietrich y el secretario, tanto de la CAC como de la Fundación CAECE, Natalio Mario Grinman.

El doctor honoris causa, durante su discurso hizo énfasis en discernir lo que la tierra nos pide, para seguir brindándonos todo lo que nos brinda, e hizo referencia al epígrafe de Luis Castelli donde dice “El hombre y la tierra son un solo ser, el destino de uno es el del otro, la gracia de la tierra ha sido también la gracia del hombre de igual modo la desgracia de la tierra y su agonía son nuestra desgracia y agonía”.

Según afirmó Kovadloff, “La Tierra es quien fija los tiempos, no los humanos” e invitó a la reflexión y a tener nuevos procedimientos para con ella, ya que la Tierra hoy se impone ante la especie humana no solo como lo dado, sino aquello que pone condiciones para seguir dando, y las pone en la medida en que se siente violentada. “Debemos pensar en lo que el Planeta le exige al hombre y advertir que ella nos ha impuesto un tiempo: quedan unos años más para que el hombre cambie la conducta que tiene con ella si quiere que la Tierra siga conviviendo con él. El calentamiento global es el síntoma del desconocimiento de las demandas que la tierra hace para seguir conviviendo con el hombre. Si no logramos controlar el calentamiento global la tierra nos dirá que quizá estemos de más”.

Las palabras finales del pensador invitaron a seguir reflexionando sobre las conductas que tenemos hacia la Tierra: “No se trata de cuidar el jardín porque es bello, sino de entender que la belleza es la dimensión fundamental del encuentro con la Tierra. La belleza es la preservación de su enigma y de su generosidad. Valores que deben ser replanteados a la luz de las subsistencias del hombre en la Tierra. Vivir para qué. Esta pregunta pide ser soportada no respondida. Debemos entender que pide ser soportada, porque en ella aún antes de la respuesta, está la presencia fundamental del espejo del que vemos reflejadas nuestras desmesuras. Ser huéspedes de la tierra significa que la tierra nos preexistió, y seguirá existiendo después de nosotros, pero hay distintas maneras de dejar la casa”.

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