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Cámara Argentina de Comercio

   Cuando Carlos Menem se hizo cargo del Gobierno en 1989, la economía argentina estaba seriamente comprometida. Más aún, las expectativas previas en el sector empresarial en general no auguraban que la llegada del nuevo gobierno condujese a revertir la situación, sino más bien todo lo contrario.

   Sin embargo, para sorpresa de muchos, Menem propuso según sus propias palabras una “economía social de mercado” y desde dos leyes de importancia capital como las de Reforma del Estado y Emergencia Económica, su gobierno impulsó un giro copernicano en la concepción misma del Estado.

   Al cabo de algunos meses, en que la economía debió procurar ajustarse de manera traumática con nuevos sucesos hiperinflacionarios y finalmente con la confiscación de hecho de los depósitos privados a través del canje por Bonos Externos, se inició el Plan de Convertibilidad. Dicho plan desplegaría una serie de reformas estructurales conducentes a reorientar el sendero de crecimiento de la Argentina, basado en una premisa fundamental: imposibilidad legal de emitir moneda sin respaldo en oro y divisas, con mantenimiento de la paridad cambiaria de uno a uno entre el peso y el dólar, lo que se logró inicialmente gracias al piso técnico de reservas necesarias obtenido precisamente con el “Plan Bonex”.

   Fue así que el Estado avanzó en un proceso histórico de privatizaciones, que en pocos años lograron revertir el cuadro de obsolescencia de los servicios públicos a partir de inversiones y mejoras tangibles de productividad, lo que a su vez redujo el peso de las empresas públicas en el déficit fiscal.

   Al mismo tiempo, a través de instrumentos como el Decreto de Desregulación Económica, se promovió una liberalización general de la oferta y la demanda allí donde ésta se encontraba regulada, al tiempo que se propició una apertura casi sin precedentes en el comercio exterior y la inversión extranjera de capital y financiera en la Argentina. Este proceso generó el doble efecto de capitalizar al sector empresario y acercarlo a las mejores prácticas internacionales, pero también de acelerar la agonía de muchas estructuras no competitivas que en poco tiempo pasaron a competir con bienes y servicios de todo el mundo.

   Sobre este último punto, debe destacarse que ese fuerte reacomodamiento no previó, sin embargo, consecuentes mecanismos de reorientación empresarial, en particular en el sector PyME, como tampoco para miles de personas que pasaban a quedar excluidas del sistema productivo, como pronto comenzó a percibirse en las mediciones de desempleo y subempleo, así como en las estimaciones de distribución del ingreso.

   Así pues, durante la primera presidencia de Menem, el país generó realmente un salto cuantitativo, reduciendo a niveles récord la tasa de inflación anual, situando a la economía con una tasa de crecimiento promedio de 8,8% anual entre 1990 y 1994, causa y efecto de un “boom” de consumo doméstico generado desde un añoso rezago de demandas insatisfechas en la gente, y un incremento generalizado de la productividad de la economía, aunque con enormes matices en términos sectoriales e incluso en términos de tamaño de las empresas (en detrimento de las más pequeñas).
   Merece también destacarse el vertiginoso dinamismo que tuvo desde entonces el MERCOSUR, proyecto estratégico lanzado en tiempos del gobierno de Alfonsín, pero que recién ahora encontraba condiciones macroeconómicas favorables para su desarrollo.

   El MERCOSUR brindó una escala necesaria para desarrollar nuestras exportaciones, en especial las no tradicionales, así como para constituirse en una plataforma sumamente atractiva para las empresas del exterior y para la inversión extranjera en general, que alcanzó niveles cercanos a los 10.000 millones de dólares anuales.
Todo ello, junto a la renegociación de la deuda externa a través del Plan Brady, en un marco de fuerte liquidez internacional y bajas tasas de interés, sumando a una mejora importante de los términos de intercambio durante los primeros años de la Convertibilidad –aprovechada por la buena dinámica de la producción agrícola, que registró cosechas récord-, descomprimieron la restricción externa al crecimiento y elevaron el nivel de reservas, que actualmente asciende a alrededor de 25.000 millones de dólares según cifras de 1999.

   A nivel global, entre 1989 y 1998 las exportaciones crecieron de 9.696 millones de dólares a 26.433 millones y, lo que es más importante

   Carta abierta a la ciudadanía, como presentación de la primer publicación de la Revista de la Cámara Argentina de Cultura, Comercio, Industria y Producción. 1925. Material extraído del Archivo de la Cámara Argentina de Comercio. (Biblioteca).

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